El sol de la tarde se filtraba a través de las persianas de la suite médica, creando un patrón de luces y sombras sobre la cama de Henry.
El aire olía a limpio, a una mezcla de antisépticos y el aroma floral del perfume de Elena, quien no se había movido de su lado en las últimas cuarenta y ocho horas.
Henry, con el torso vendado y la respiración aún algo forzada, observaba el techo con una fijeza que delataba una tormenta interna, el momento que tanto había postergado, el que había evitado esc