Mundo ficciónIniciar sesiónEl aire en el estacionamiento del centro de detención era espeso y cargado de la humedad típica de Miami, pero para Iván Lockwood, era como si le faltara el oxígeno.
Se detuvo frente a la camioneta blindada, golpeando el techo con una furia sorda que hizo eco en el concreto.
Cuarenta y ocho horas.
Ese era el tiempo que Lina le había otorgado antes de que el último rastro de su hijo se desvaneciera en las sombras de los Alpes.







