Mundo ficciónIniciar sesiónEl frío de los Alpes era un cuchillo que cortaba la piel, pero Iván no lo sentía. Estaba de pie frente a la imponente verja de hierro forjado de la villa en Gstaad.
La propiedad, rodeada de abetos cargados de nieve, parecía una fortaleza encantada, silenciosa y letal, el sonido de las sirenas que él mismo había activado al saltar el primer muro perimetral rebotaba en las montañas, como un aullido que anunciaba el fin de los secretos.







