La mañana en Miami Beach tenía un brillo cegador, pero para Alma, el aire se sentía gélido. Había llevado a Kira a su exclusiva escuela privada, un recinto que parecía más un club de campo que un centro educativo.
Ver a Kira entrar saltando, con su pequeña mochila y una sonrisa que no había tenido días atrás, era la única victoria que Alma sentía como propia.
« ¡Gracias al cielo que ya está mejor! », ella oró internamente.
Sin embargo, al darse la vuelta para dirigirse al coche, la realidad la