Mundo ficciónIniciar sesiónEl pitido rítmico del monitor cardíaco de Elena se volvió una tortura acústica en el silencio sepulcral del sanatorio.
Cada pulsación era un recordatorio de que el tiempo se les escapaba entre los dedos, Iván Lockwood permanecía de pie frente a la puerta reforzada, con el arma empuñada y los nudillos blancos de tanta tensión.
Su figura, siempre impecable en los rascacielos de Brickell, ahora estaba manchada de barro,







