El amanecer sobre la bahía de Miami no trajo la paz habitual, sino el rugido ensordecedor de las grúas industriales y el destello incesante de los helicópteros de las cadenas de noticias.
El veredicto exprés del tribunal federal se estaba ejecutando en tiempo récord, devorando el imperio de mentiras ante los ojos de millones de espectadores.
Desde el asiento trasero del sedán blindado de Onyx Holding, Helena Williams miraba fijamente a través del cristal polarizado.
En lo alto del rascacielos p