El sol de la mañana golpeaba los ventanales de la torre corporativa de Miller Global en Brickell, proyectando sombras alargadas sobre la mesa de juntas de caoba pulida.
Magnus Miller permanecía sentado en la cabecera, con las manos entrelazadas sobre un fajo de folios amarillentos, los documentos originales del fraude de 1996 que sus hombres habían recuperado en Key Biscayne.
El humo de su cigarro cubano flotaba en el aire, denso y gris, como la atmósfera que precedía a una ejecución.
Frente a