Chase Miller caminó por la acera de la avenida Brickell sintiendo que las suelas de sus zapatos de cuero italiano eran lo único que lo separaba del asfalto ardiente.
El calor de Miami evaporaba el agua de la tormenta de la noche anterior, creando un vaho espeso que le dificultaba respirar.
Llevaba el abrigo colgado del brazo y el teléfono celular en la mano derecha, un aparato que ahora era tanto su única línea de vida como su rastreador personal.
Magnus lo estaba vigilando, de eso no había dud