La cortina de agua de la tormenta tropical golpeaba con furia el parabrisas de los dos sedanes negros en el callejón de Key Biscayne. Chase Miller sentía que el peso de los folios de 1996 dentro de su abrigo le quemaba el pecho.
Frente a él, el abogado principal de su padre mantenía la sonrisa cínica de quien sabe que tiene la soga más larga en el juego del ahorcado.
Los tres hombres de seguridad dieron un paso al frente, acortando la distancia.
— El tiempo corre, Vicepresidente — presionó el a