Zara
Cuando las primeras gotas empiezan a golpear el parabrisas del auto, mi ansiedad aumenta mil veces más. Veo un rayo atravesar las nubes y a los pocos segundos, un trueno retumba en el cielo.
—Esto no me gusta, ya se demoró demasiado —dice Jenna removiéndose en el asiento del copiloto. Yo me encuentro atrás.
Me insistió luego de mucho rato, ya que mis piernas estaban adoloridas.
Un trueno vuelve a sonar y entonces siento un ligero dolor en el vientre.
—¡Ah! —me quejo.
—¿Qué? ¿Está bien? —pr