Damon
—¡¿Qué has hecho?! —me cuestiona la bruja pelinegra en el momento en que escucha a Zara gritar de dolor.
La he mordido… ¡Dios! ¡La mordí!
El sabor de su sangre se disuelve en mi lengua y las pequeñas gotas se escurren por las comisuras de mi boca. Ella me había hecho prometerle que no lo haría, pero no pude mantener esa promesa, de hecho, nunca le dije que no lo haría, porque sé que soy un maldit0 cobarde, no puedo vivir sin Zara.
La bruja se arroja a su lado y trata de contenerla, pero e