Capítulo 47
Alexander estaba absorto, sus ojos recorriendo cada cláusula del contrato sobre su mesa de caoba. El silencio de la sala era absoluto. Cuando la puerta se abrió, ni siquiera levantó la mirada, ya sabía exactamente quién era.
—¿Y entonces? —preguntó con voz firme, sin apartar los ojos del papel.
El abogado se detuvo a pocos pasos de la mesa, sosteniendo una carpeta negra con un discreto aire de triunfo.
—Está hecho, señor. El matrimonio ha sido anulado oficialmente. Ningún vínculo le