Agarro las muñecas de Laura con fuerza, no como para herirla, pero sí suficiente para que entienda que no voy a permitirle seguir.
Ella parpadea, sorprendida.
—¿Qué ocurre? —pregunta en un susurro, mirándome como si realmente no entendiera.
Suelto sus muñecas con un movimiento seco.
—No estoy aquí para eso —respondo, conteniendo el enojo que me sube por la garganta.
Laura ladea la cabeza, estudiándome.
Luego sonríe, todavía en ese modo seductor que me enferma.
—¿Qué pasa? ¿No te gu