Cassian no se aleja enseguida. Sus labios, todavía calientes, vuelven a buscar los míos en un beso profundo y lento, uno que sabe a deseo, a caos, a promesas que no deberían hacerse.
—No estoy mintiendo, Leoncita —susurra contra mi boca—. Lo resolveré. Todo esto… se solucionará. Pero tienes que prometerme algo —musita con la mirada ensombrecida.
Sus manos están aún firmes sobre mis caderas, me aprietan un poco más. Lo siento temblar levemente, como si la intensidad de lo que acabamos de hacer aú