Golpeo la puerta con suavidad, apenas una vez. Y sin embargo, Rossy la abre como si llevara una hora esperando del otro lado.
—Sabía que vendrías —dice, despeinada, con un short deportivo y una camiseta ajustada que deja ver manchas de polvo en su abdomen. Mientras que en una mano sostiene un trapo.
Sonrío con suavidad al verla.
—¿Estabas limpiando? —pregunto con una sonrisa burlona, me imagino lo sucio que debía estar este lugar luego de tantos meses abandonado.
—Al fin terminé, y estab