La tarde ha caído cuando regreso a la mansión Harrington.
Rossy insistió en acompañarme hasta el portón. Nos abrazamos y no puedo evitar quedarme unos segundos más aferrada a ella, como si parte de mi equilibrio también se fuera con su presencia. Cuando al fin nos separamos, ella me dedica una última sonrisa y luego se va, avisando que tiene que hacer unas compras para continuar con el acomodo de su departamento.
Entro a la mansión que me recibe con ese silencio elegante que me resulta tan ajeno