Los labios de Cassian están peligrosamente cerca de los míos. Cierro los ojos por un instante, tragando el nudo que se forma en mi garganta. Puedo sentir su respiración rozando mi rostro, cálida, irregular, cargada de esa tensión que amenaza con consumirnos a ambos. Su aroma delicioso me envuelve, intenso y masculino. Me estoy perdiendo.
Y entonces alguien pita.
Un claxon nos arranca de ese instante como un latigazo. La luz del semáforo ha cambiado a verde. Cassian maldice por lo bajo y toma