El eco de la voz de Daniel resuena en la habitación mientras habla por teléfono.
Su tono ha cambiado. Ya no es el hombre relajado que, hace unos minutos rozó mis labios con los suyos en un intento de acercamiento.
Ahora su expresión está tensa, su mandíbula apretada y sus ojos oscuros destilan seriedad absoluta.
No sé qué está ocurriendo, pero lo que sea, lo ha sacado por completo de la atmósfera de esta habitación
.
Apenas se mueve mientras escucha a su padre, pero la forma en la que su mano se