Sus labios siguen devorando los míos como si el tiempo no existiera. Como si todo lo que hubiera hecho falta durante años se estuviera saldando en este instante. Me tiene contra la pared, atrapada entre su cuerpo y el concreto, y juro que no quiero salir de ahí jamás.
Las manos de Edward se deslizan por mi cintura, suben, bajan, exploran. Me aferra con fuerza, inquietas y a su vez tan controladas que me erizan los vellos por completo, mostrándome que me necesita tanto como yo a él. El aire me ar