La noche del sábado se desplegó sobre la capital con una imponente tormenta eléctrica que hacía vibrar los cristales del lujoso penthouse clandestino. Para Megan, el trayecto desde el palacio hasta la suite secreta había sido una tortura de anticipación y nervios reprimidos. Sentada en el asiento trasero del vehículo blindado de la agencia, con el antifaz de encaje negro ya perfectamente ajustado sobre su rostro, sintió que el corazón le golpeaba con violencia contra las costillas. Sabía perfec