La victoria aplastante sobre la delegada del Estado Supremo dejó un eco vibrante en el despacho, pero en cuanto la adrenalina de la batalla comenzó a descender, una urgencia mucho más primitiva y sofocante se apoderó de Megan. Miró a través del pasillo de mármol; Camilo había regresado a su oficina y daba órdenes a sus capitanes con esa fría distancia militar. Sin embargo, Megan ya era incapaz de mirar al General Superior sin recordar el estremecimiento que le recorría el cuerpo al evocar al ho