El resto de la inspección transcurrió en una tétrica calma. Megan redobló esfuerzos para mantener su fachada imperturbable ante la prensa, pero la quemadura invisible de la mano de Camilo en su cintura seguía allí, recordándole a cada segundo quién cubría su espalda. Cada paso entre los escombros se sentía pesado, cargado de la incómoda certeza de que el general vigilaba todos sus movimientos.
Al terminar, subieron de nuevo al todoterreno negro. El trayecto de regreso al palacio se sumergió en