Lara llevaba dos días sin sentir a Faustino, y ahora, con solo un roce, se quedaba flácida. Para evitar que Rosalba notara algo extraño, no dejaba de hablarle para distraerla.
—Después tienes que tener más cuidado, si no, tendrás que volver a la acupuntura, y yo no quiero pasar por eso otra vez. —dijo Rosalba, con el corazón aún latiéndole con fuerza.
—Rosalba, eso no se puede, estás muy herida, mañana tendrás que venir otra vez.
—Si no, te quedará una fea cicatriz. —dijo Faustino mientras la ma