Faustino corrió hacia Rosalba en unos pocos pasos.
De inmediato agarró el pecho herido de Rosalba para examinar cuidadoso la herida.
¡Esa piel blanca y tierna, con la sangre fluyendo, era desgarradora!
¡Faustino sintió una gran pena!
—¡Ah, Faustino, suéltame!
—Mejor que Lara lo vea, ¡Rosalba se sentía avergonzada!
Rosalba se sonrojó, después de todo, era tímida.
—Ay, ¡qué larga es la cortada! ¡Casi diez centímetros!
—Rosalba, yo no puedo ver eso, deja que Faustino lo vea.
Lara dijo corriendo agi