—No me interesa —respondió Faustino de inmediato, sin pensarlo dos veces.
—¿Te da miedo? ¿O es que no sabes nada y temes hacer el ridículo? —le provocó Billy.
—¿Quién dijo que tengo miedo? —replicó Faustino con una sonrisa bastante burlona—. ¿Qué gano yo si apuesto contigo? ¿Qué pasa si gano?
—Si ganas, cosa que creo imposible, pagaré de mi bolsillo las esmeraldas que elijas —se carcajeó Billy, como si hubiera escuchado el chiste más gracioso del mundo.
Estaba seguro de que alguien como Faustino