—Ja, ja, ¿cómo se atreve a hablar de esta manera un pueblerino ignorante como tú? —se burló Billy—. Eres de los que no aprenden hasta que les dan con un garrote. ¡Vamos, corten esas tres piedras inútiles de una vez!
Billy sonreía cada vez más, seguro de que Faustino quedaría en completo ridículo.
—Cortar estas piedras basura es una pérdida de tiempo —gruñeron los trabajadores mientras comenzaban a regañadientes a cortar las tres piedras que Faustino había elegido.
Faustino, lejos de desanimarse