Capítulo33
Después de hablar, Faustino besó a Larisa. La dulzura del beso lo llevó a besarla con ganas y anhelo, deseando saborear sus labios. Con hábiles manos, le desabrochó la blusa. A sus dieciocho años, era tierna para una flor, con una piel suave y blanca como la leche. Sus senos, excepcionalmente grandes para su edad.

—¡Uh no… Faustino, no!

Larisa tembló de inmediato, pero Faustino ya la había dejado sin fuerzas, y ella no podía apartarlo.

—No puedes… te lo ruego, Faustino… ¡déjame ir! —Larisa llor
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