—¿Estás seguro? —preguntó don Luis, todavía receloso de la desconocida.
—Completamente seguro, jefe. Es la hermana de Jairo, conozco bien su historia. Nunca ha apostado en su vida —afirmó Tadeo.
—Bien, entonces que ella reparta —accedió don Luis, asintiendo hacia Faustino.
—Faustino... no sé repartir cartas. ¿Y si por mi culpa pierdes? —Victoria estaba al borde de las lágrimas, terriblemente nerviosa.
¡Era una apuesta de cinco millones! Si Faustino perdía por su culpa, ni entregándose en matrimo