—¡No te preocupes Victoria, tranquila! —volvió a darle unas palmadas en el hombro Faustino mientras ella seguía atónita.
—¡Sí, yo... yo puedo! —exclamó Victoria mientras una idea atrevida cruzaba por su mente: ¡era Faustino quien estaba controlando sus manos para barajar! Aunque no entendía cómo lo hacía, sabía que no era momento de preguntar. Simplemente fingió cooperar con el movimiento de sus manos.
Esta coordinación sin precedentes pasó completamente desapercibida para don Luis.
Al poco tiem