—¿Con quién estás hablando por teléfono, Faustino? —preguntó Larisa frunciendo el ceño, pues su buen oído había captado una voz femenina al otro lado de la línea.
—No te preocupes, apenas la conozco. Solo le pedí que me ayudara con algo —se apresuró a aclarar Faustino al notar los celos en su voz.
—¿En serio? —Larisa claramente no le creía. Para ella, Faustino era todo un partido y temía que alguna mujer apareciera de la nada para robárselo.
—Jefe, ya llegó el dinero que pidió —interrumpió uno d