—¿Hay algún problema, señora? —preguntó Faustino con curiosidad al notar que Victoria Paredes no dejaba de mirar sus llaves del auto.
—Ah, no... no es nada. Por favor, ordenen —respondió Victoria, negando con la cabeza y esbozando una sonrisa amarga.
—¿Qué vamos a comer? —se preguntó Faustino, notando que algo raro pasaba con la dueña del restaurante.
—Faustino, déjame ordenar a mí. Comamos algo sencillo —dijo Larisa, tomando el menú de la mesa y pidiendo algunos platos.
—Frijoles refritos, carn