—Este coche cuesta 500.000, él puede permitírselo, pero ustedes no.
—¡Ustedes son unos pobres!
María, llena de alegría, cruzó los brazos con orgullo y respondió a Miguel y a los demás.
—Olvídalo, Faustino, tengo hambre, no te metas con ellos, vamos a comer.
Larisa no quería ver a María presumir, como si Faustino fuera su novio.
Le apremió a Faustino.
—Está bien, vámonos.—Faustino subió la ventanilla, pisó el acelerador y se fue a buscar un lugar para comer.
—¿Qué demonios es ese tipo?
—¡Un campe