—Haz lo que quieras, pero no me hables mal de nuestra situación delante de otros, no quiero que se enteren de nuestros problemas.
Camilo no se apuró, se encogió de hombros y sacó un cigarro de la caja para encenderlo.
—¡Camilo, dale uno a nosotros también!
Los demás chicos se acercaron y cada uno se encendió un cigarro.
—Entendido, entendido.
Elena dijo eso y, tomando del brazo a María, se apresuró a salir corriendo, fingiendo recibir a Larisa.
—Espera un momento, voy a darle una humillación a e