Faustino sonrió con picardía, rodeó la pequeña cintura de Lara y la abrazó con fuerza:
—Eres la única que me trata bien. En este mundo, después de Rosalba, eres la primera mujer que me trata con sinceridad.
Ya era costumbre que ambos aprovecharan la preparación de la comida para intimar. Faustino se relajó un poco y se entregó por completo a Lara.
Lara, encantada, dijo:
—Mi pequeño tesoro, mi corazón, ¡con gusto te daré todo de mí! ¡Cada día contigo es como vivir realmente en el cielo! ¡No sé q