Al ver que Salvador se rendía, Faustino decidió no insistir más en el asunto. Estaba convencido de que después de lo ocurrido hoy, ni Salvador ni su nieto se atreverían a buscar venganza contra él.
Mientras hablaba, Faustino ya estaba retirando las agujas de plata de la cabeza de Lorenzo.
—Sí, sí, sí. Sus palabras quedarán grabadas en mi corazón. ¡Jamás permitiré que vuelva a comportarse indebidamente! —respondió Salvador, sorprendido por la razonable actitud de Faustino.
No pudo evitar sentir u