Aunque Mariana ya se había mentalizado, ver a Faustino derritiéndose de ternura por Ximena le revolvió el estómago.
Sin poder contenerse, se levantó y soltó:
—Oficial Soto, ¿no será que a usted también le gusta Faustino?
Como mujer, Ximena notó de inmediato el comportamiento extraño de Mariana. Instintivamente soltó a Faustino y con una expresión peculiar respondió:
—¿Gustarme él? ¡Tendría que estar ciega o ser el último hombre sobre la tierra para siquiera mirarlo dos veces!
Aunque esas fueron