Faustino arrojó la pluma fuera del octágono. El supervisor guardó el acuerdo de vida o muerte, mirando a Faustino con burla mientras cerraba la puerta del octágono.
—Bien, entonces buena suerte —dijo con sorna.
Con el acuerdo firmado, la pelea comenzó oficialmente.
En la sección VIP de espectadores, Samuel y Pablo estallaron en carcajadas.
—¡Jajaja... ay Faustino, Faustino, mira nomás en qué te has metido!
—De verdad tienes agallas, ¿eh? ¿Cómo te atreves a firmar un acuerdo de vida o muerte? Si