Capítulo 410
El rostro de Ximena, quien había estado conteniendo su frustración todo este tiempo, finalmente se iluminó al ver llegar a Faustino en su apoyo.

Inmediatamente corrió emocionada hacia él, se lanzó a sus brazos y con lágrimas en los ojos dijo:

—Faustino, por fin llegaste.

Faustino acarició su cabello y la consoló con ternura:

—Tranquila, conmigo aquí, estos payasos no son problema.

Antonio miró a Faustino de arriba a abajo y resopló con desdén:

—¿Y tú quién te crees que eres? ¿De dónde saliste?

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