La docena de guardias fuera de la oficina cayeron como bolos derribados.
El impacto fue tan fuerte que les quebró huesos y tendones, dejándolos incapaces de levantarse.
Faustino se movía como un relámpago dentro de la oficina, lanzando puñetazos uno tras otro.
Golpeando con precisión absoluta a accionistas y guardias.
En un instante, las imágenes residuales de Faustino llenaron toda la sala.
En cuestión de segundos, los más de cien hombres que se atrevieron a atacar yacían en el suelo.
Todos suf