Sergio frunció el ceño al terminar la llamada. Como capitán de policía, el asunto de Benjamín no podía pasarle desapercibido. No podía creer que Faustino, tan joven, tuviera métodos tan aterradores. Había derrotado a más de una docena de hombres robustos de un solo golpe, y había dejado a Benjamín y a su hijo en un estado lamentable.
Aunque Sergio no quería ir, no podía desairar a Benjamín. Si perdía el apoyo de Benjamín, su futuro sería difícil.
—De acuerdo, espérenme, iré con mi gente.
Mientra