Los hombres de Benjamín no se atrevieron a detener a Faustino, incluso mostraron miedo. Pronto, Faustino, al volante, llevó a Victoria de regreso a Rosal.
En el camino, Victoria respiró aliviada, golpeándose el pecho.
—Faustino, ¡me has dado un susto terrible! ¡Gracias a ti, hemos llegado a casa sanos y salvos! Pero tienes que tener más cuidado, no puedes ser tan impulsivo. ¡Ese hombre que golpeaste era el alcalde! ¿Qué haremos si vienen a buscarnos?
Victoria estaba aterrorizada, mirando a Faust