—¡Bah! ¿Quién está preocupada por ti? ¡No estaba llorando, no te creas tan importante!—protestó Larisa, apresurándose a secar sus lágrimas, temerosa de que su rostro se hubiera estropeado.
—Je, Larisa siempre está hermosa, nunca me canso de mirarla—bromeó Faustino con picardía, consiguiendo que tanto ella como Rosalba sonrieran alegremente.
"Este tipo... tantas mujeres... ¡hmph!", pensó Mariana observándolo todo, con una punzada de celos que no se atrevió a expresar.
En contraste con las risas y