Capítulo 315
—Faustino, ¡tú lo has pedido! ¡No te arrepientas luego!—exclamó Alberto con aire presumido—. ¡Mi maestro ha vencido tigres con sus propias manos! ¡Ni los osos pardos pueden con él! ¡Siete u ocho clubes de lucha clandestina lo respetan como autoridad! ¡Contra mi maestro Diego, tu derrota está asegurada!

Alberto no paraba de alardear mientras Diego sonreía con arrogancia. Y no mentía: durante años, innumerables empresarios habían intentado contratarlo como guardaespaldas, algunos ofreciendo hasta
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