—Aquí no hay ataúdes ni tesoros, ¿parece más bien un…?
— ¿Un altar? —respondió Faustino, sorprendido por la escena. Se quedó pensando un rato antes de encontrar una descripción adecuada.
Avanzaron lentamente. De pronto, el terreno descendió abruptamente. Una escalera de cien peldaños descendía hacia una enorme plaza subterránea, del tamaño de un campo de fútbol. Vista desde arriba, tenía la forma perfecta de un diagrama de los Ocho Trigramas, con una puerta de piedra en cada esquina, todas firm