Con su cuchillo, Faustino extrajo una escama roja del tamaño de una mano, con un brillo multicolor.
—Esto es… ¡es una escama de serpiente! —exclamó Mariana, reconociendo la escama a pesar de la sangre, quedando impactada.
—Sí, una escama de serpiente. Increíble que una serpiente haya hecho esto… —Faustino sintió un escalofrío. La imagen era aterradora.
—Una escama tan grande… la serpiente debe medir al menos diez metros… ¡no, decenas de metros! —dijo Mariana, su rostro lleno de miedo—. ¿Será e