DEMETRIA
Dejé que el agua caliente me cayera por el cuerpo en cascada, llenando el baño de vapor mientras intentaba calmar los nervios. La voz profunda de Marion se oía débilmente a través de la puerta, baja y firme, mientras le hablaba a su hermano sobre el almuerzo de hoy. Los Whitfield.
Apreté las palmas de las manos contra la pared de azulejos, exhalando. Maldita sea. ¿Almorzar con su familia? No era una familia cualquiera. Eran los Whitfield. Dinero antiguo, poder, influencia que emanaba de su nombre como miel demasiado rica para tragar.
¿Y yo? Una panadera de México que construyó su sueño galleta a galleta.
"Dios, ayúdame", murmuré, enjuagándome el champú del pelo.
El agua no me quitó el nudo que se me retorcía en el estómago. Porque esto no era un almuerzo cualquiera. Era una prueba. Y no iba a fallar.
Salí de la ducha, envolviéndome en una toalla, con el vapor aún pegado a la piel.
Mi voz sonaba un poco vacilante. Me giré para preguntarle por el atuendo. "¿Debería ir formal o.