Todo a mi alrededor se volvió inmóvil, como si se fuera detenido el tiempo, mis pupilas no se desviaban de las dos secciones unidas, seguidamente la representación del injerto se fue transfigurando frente a mi presencia, estaban tomando formas humanas: una era la de un hombre, y la otra una figura de mujer. Mis ojos no podían creer lo que veían, fue cuando todo empezó a volverse más difícil, sentí cómo un fuerte jalón comenzó a llevar mi cuerpo directo al suelo, hacia una caída eterna sin final,