—¡Entonces ya es hora que dejes vivir! —dije con convicción; Adrián no dijo nada, yo proseguí —. Adrián, realmente no sé con certeza quien soy, ni cuál es mi función en esta vida; para mí todo es confuso también, yo situé mis esperanzas en ti, creí que al encontrarte podría enfrentar toda esta oscuridad que se cierne sobre mí con más fortaleza —aquel comentario lo descongelo, sé que sentía mi sinceridad, ya no podía seguir desdeñando nuestro destino.
—Victoria —sus labios pronunciaron mi nombre