Bianca temblaba como una hoja bajo la tormenta furiosa, su espalda pegada a la pared fría y húmeda del callejón. Su respiración era un jadeo entrecortado, interrumpida por sollozos ahogados, y aunque su cuerpo suplicaba cerrar los ojos para escapar del horror, no podía apartar la mirada de la silueta imponente que emergía de las sombras como un depredador nocturno.
La voz grave volvió a resonar, con una calma gélida que helaba la sangre en las venas.
—Les di una orden… ¡Suéltenla, ahora!
Los tr