La revelación de la doctora había sido como una daga directa al corazón de Bianca.
Alexander Moretti.
Ese nombre no era un simple eco en la memoria colectiva de Nueva York; era una sentencia. Un apellido maldito, sinónimo de corrupción, violencia y sangre. Desde niña había escuchado sus historias en susurros: cadáveres hallados en los muelles, empresarios que de pronto desaparecían, jueces comprados como si fueran fichas de ajedrez. Y ahora, ese hombre, ese monstruo, corría por sus venas.
Bianc